Hace unas semanas terminó la temporada de la serie Lanterns. El Hal Jordan
con que me encontré distaba mucho del que recordaba en los comics.
Ni mejor ni peor. Sólo muy distinto. Me costó asimilar el nuevo
enfoque al héroe, pero lo entendí... creo.
Hay algo profundamente irónico en convertir a Hal Jordan, el
hombre cuya principal virtud es superar el miedo, en un personaje que
parece temer una de las pocas cosas contra las que su anillo no puede
hacer nada: el paso del tiempo.
Esa es una de las ideas más interesantes de Lanterns, la
adaptación televisiva de DC que presenta a Kyle Chandler como Hal
Jordan y a Aaron Pierre como John Stewart. La serie propone una
reinterpretación que se aleja del piloto de pruebas que apareció en
Showcase número 22, en 1959, creado por John Broome y Gil
Kane.
No se trata simplemente de que Hal sea mayor. Muchos superhéroes
han envejecido sin perder su esencia. La verdadera diferencia está
en su personalidad y, especialmente, en su relación con aquello que
siempre lo definió: la voluntad.
Hal Jordan. El icónico Green Lantern
El piloto que desafiaba al universo
Hal Jordan nació en una época fascinada por la aviación, la
carrera espacial y las posibilidades de la tecnología. Los pilotos
de pruebas eran figuras admiradas, hombres dispuestos a arriesgar sus
vidas para superar los límites conocidos.
Hal era uno de ellos: audaz, competitivo, algo arrogante y
extraordinariamente valiente.
Cuando el extraterrestre moribundo Abin Sur le entrega un anillo
capaz de materializar prácticamente cualquier cosa mediante la
fuerza de voluntad, Hal encuentra el instrumento perfecto para su
personalidad.
Su poder no depende de una mutación ni de una fuerza física
excepcional, sino de su imaginación y determinación.
En cierto sentido, Green Lantern representa la confianza del ser
humano en sus propias capacidades. Hal Jordan no se pregunta si algo
es posible. Se pregunta cómo hacerlo.
Green Lantern: invencible, poderoso, virtuoso. Representaba el ideal estadounidense de fines de los años 50's
Un rebelde con uniforme de policía
Una de las grandes contradicciones del personaje es que pertenece
a una organización extraordinariamente jerárquica: los Green
Lantern Corps.
Los Guardianes del Universo establecen reglas y esperan
obediencia. Sin embargo, Hal nunca ha sido especialmente bueno
siguiendo órdenes.
Individualista e independiente, acepta la autoridad, pero no
necesariamente que esta tenga razón. Su fuerte sentido de la
justicia lo lleva a privilegiar su propio criterio moral por encima
de los reglamentos.
Es un policía intergaláctico que se comporta como un
inconformista.
Esta personalidad explica su enfrentamiento con Sinestro. Ambos
creen en el orden, pero mientras Hal defiende la libertad de decidir,
Sinestro está dispuesto a imponerlo mediante el miedo.
Su rivalidad representa, por tanto, dos concepciones diferentes
del poder.
Green Lantern, el policía galáctico
La arrogancia de quien no sabe perder
Hal Jordan es arrogante, pero no porque necesite constantemente la
admiración ajena. Su verdadera obsesión consiste en demostrarse que
puede superar cualquier obstáculo.
Esa confianza lo convierte en un líder natural, aunque también
lo vuelve impulsivo, obstinado y poco diplomático.
Le cuesta reconocer sus errores y, sobre todo, aceptar situaciones
que no puede resolver.
Su relación con Carol Ferris refleja esas dificultades. Hal puede
comprometerse a proteger un sector entero del universo, pero
encuentra enormes problemas para mantener una relación sentimental
estable.
Salvar planetas parece resultarle más sencillo que organizar su
propia vida.
Para Hal, actuar es la respuesta casi universal. Ante una amenaza,
combate. Ante una dificultad, insiste. Pero las relaciones humanas no
siempre pueden resolverse mediante una demostración de voluntad.
El héroe que descubrió la derrota
La gran tragedia del personaje llegó con Emerald Twilight,
publicada en 1994.
Tras la destrucción de Coast City, Hal enfrenta una pérdida
irreparable. Millones de personas han muerto y la ciudad que conocía
ha desaparecido.
Para alguien acostumbrado a superar lo imposible, aceptar
semejante derrota resulta insoportable.
Hal intenta reconstruir lo perdido mediante su anillo. Cuando los
Guardianes se lo impiden, su determinación se convierte en obsesión.
Finalmente se transforma en Parallax y se enfrenta a sus antiguos
compañeros.
La destrucción de Coast City. Hal Jordan se encuentra con lo irreparable.
DC reinterpretaría posteriormente estos acontecimientos mediante
la influencia de una entidad vinculada al miedo, pero la idea
dramática original conserva su fuerza.
¿Qué sucede cuando alguien que ha construido toda su identidad
sobre la convicción de poder superar cualquier obstáculo descubre
que existen pérdidas irreversibles?
Hal Jordan podía aceptar la posibilidad de morir, pero no
sabía aceptar la posibilidad de fracasar.
Lanterns: el héroe que ha dejado de
mirar hacia las estrellas
La versión televisiva introduce una transformación
significativa.
Kyle Chandler interpreta a un Green Lantern veterano,
experimentado y aparentemente menos entusiasta que su equivalente
clásico.
En lugar del joven piloto que contempla el universo como un
territorio lleno de aventuras, encontramos a un hombre curtido por
años de servicio, más áspero, sarcástico y distante.
La diferencia es importante.
Hal Jordan ha dejado de mirar las estrellas.
El Hal de los cómics disfruta demostrando que puede hacer aquello
que otros consideran imposible. El de Lanterns parece
preocupado por demostrar que todavía puede hacerlo.
En el primero, la arrogancia nace de una confianza casi juvenil en
el futuro. En el segundo, puede interpretarse como una reacción
defensiva ante la posibilidad de haber dejado atrás sus mejores
años.
Es la diferencia entre un hombre que quiere conquistar el mundo y
otro que teme perder el lugar conquistado.
La adaptación también reemplaza buena parte del entusiasmo por
la exploración cósmica por una atmósfera de investigación
policial, tensiones personales y conflictos generacionales.
Hal se aproxima así al veterano desencantado del relato policial,
alejándose del aventurero optimista de la ciencia ficción clásica.
John Stewart: el incómodo espejo de la juventud
La presencia de John Stewart permite desarrollar uno de los
conflictos más interesantes de esta reinterpretación.
En los cómics, John es reflexivo, disciplinado y metódico. Su
formación como arquitecto influye incluso en su utilización del
anillo: mientras Hal improvisa construcciones impulsivas, John
imagina estructuras precisas y funcionales.
Ambos representan formas distintas de ejercer la voluntad.
En Lanterns, Hal ocupa la posición del veterano
encargado de formar a su sucesor.
Aquí aparece una contradicción deliciosa: el hombre que desafió
durante décadas a sus superiores debe convertirse en una figura de
autoridad.
Hal Jordan, el mentor al nuevo Green Lantern, su reemplazo.
El rebelde se transforma en instructor. El inconformista debe
enseñar disciplina. El piloto que despreciaba las advertencias
ajenas tiene que exigir prudencia a alguien más joven.
Pero John no representa solamente a un aprendiz. También
representa el futuro.
Su juventud y capacidad recuerdan a Hal algo que preferiría
ignorar: ningún héroe es indispensable para siempre.
John encarna aquello que Hal fue alguna vez y, al mismo tiempo,
aquello que podría reemplazarlo.
¿Qué ocurrió con la alegría de vivir?
Aquí surge una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto esta
versión conserva la esencia del personaje?
El Hal Jordan original no era solamente valiente y arrogante.
También poseía una alegría de vivir fundamental para comprenderlo.
Disfrutaba del vuelo, la aventura, la competencia y el encuentro
con lo desconocido.
Pertenecía a esa familia de aventureros de ficción que, ante una
puerta cerrada, no buscan resignadamente otro camino: intentan
derribarla.
Hal Jordan, envejecido. ¿También amargado?
La versión de Lanterns conserva su independencia y
orgullo, pero parece haber reducido considerablemente ese entusiasmo.
¿Es una evolución natural? Después de décadas de sacrificios,
derrotas y responsabilidades, resulta comprensible que Hal se vuelva
más cínico.
Sin embargo, también puede sostenerse que su optimismo no era una
característica pasajera de juventud, sino parte fundamental de su
identidad.
Un Hal Jordan envejecido no tiene por qué convertirse
necesariamente en un Hal Jordan amargado.
La madurez podría haberlo vuelto más sabio sin privarlo de su
entusiasmo por explorar el universo.
Esta es una de las decisiones creativas más discutibles y, al
mismo tiempo, más interesantes de la reinterpretación.
Cuando la voluntad ya no es suficiente
El anillo de Green Lantern permite volar, atravesar el espacio y
construir objetos mediante la imaginación de su portador.
Pero no puede detener el tiempo.
Hal puede enfrentar ejércitos extraterrestres, combatir amenazas
cósmicas y sobrevivir a situaciones imposibles. Lo que no puede
hacer es permanecer joven eternamente.
Para alguien acostumbrado a superar cualquier desafío, aceptar
esa realidad puede resultar más difícil que enfrentarse a Sinestro.
Su verdadero conflicto deja de consistir en demostrar que posee
suficiente voluntad para derrotar a un enemigo.
No se puede permanecer eternamente joven
Ahora debe comprender que existen circunstancias ante las cuales
la voluntad no basta.
La edad, el desgaste, las pérdidas y la necesidad de entregar
responsabilidades a otra generación no son enemigos que puedan
derrotarse con un puñetazo verde.
Son realidades con las que hay que aprender a convivir.
Dos Hal Jordan, dos maneras de entender al héroe
La diferencia entre ambas versiones refleja un cambio más amplio
en la representación de los superhéroes.
El Hal Jordan de 1959 surgió de una época que contemplaba el
futuro con entusiasmo. La conquista espacial parecía anunciar una
nueva era de descubrimientos.
El de Lanterns pertenece a una tradición contemporánea
más interesada en el desgaste, la ambigüedad moral y las
consecuencias psicológicas del heroísmo.
Donde antes había entusiasmo por el futuro, ahora aparece
preocupación por el pasado.
¿Se puede cambiar Hal Jordan al punto de hacerlo irreconocible?
Ninguna aproximación es necesariamente ilegítima. Los personajes
deben poder evolucionar y reflejar nuevas sensibilidades.
Pero toda reinterpretación plantea una pregunta: ¿cuánto puede
cambiar un personaje antes de perder aquello que lo hacía
reconocible?
En Hal Jordan, la respuesta no depende exclusivamente de su
valentía o arrogancia, sino de su relación con el futuro.
El Hal clásico miraba hacia las estrellas convencido de que
encontraría nuevas aventuras. El de Lanterns parece
preguntarse cuánto tiempo más podrá seguir haciéndolo.
Conclusión: el último enemigo de Hal Jordan
Quizás el mayor acierto potencial de esta reinterpretación sea
haber encontrado un desafío que el Green Lantern original
difícilmente habría imaginado.
No un enemigo más poderoso, una amenaza universal ni una nueva
encarnación del miedo.
Simplemente, envejecer.
El anillo ya no está con Hal Jordan. Un nuevo Green Lantern se levanta
Hal Jordan siempre fue definido por su negativa a aceptar límites.
Su mayor virtud era enfrentarse a lo imposible y su principal
defecto, creer que todo podía resolverse mediante una voluntad
suficientemente poderosa.
Pero madurar significa comprender que algunos límites no pueden
superarse. Deben aceptarse.
La pregunta es si Hal puede aprender esa lección sin perder
aquello que lo convirtió en un héroe.
Tal vez su verdadero desafío ya no sea demostrar que
puede vencer al miedo, sino descubrir quién es cuando su voluntad
deja de ser suficiente.
Y hay una última ironía: el hombre que podía crear cualquier
cosa con su imaginación quizás deba aprender que su mayor acto de
valentía consiste en dejar espacio para que otro imagine el futuro.