Si uno abre un VHS polvoriento de los ochenta, entre Robocop y Depredador, seguramente encontrará Highlander.
Esa joya de 1986 que parecía una mezcla improbable entre un videoclip
de Queen, un capítulo de He-Man y un comercial de whisky escocés. La
dirigió Russell Mulcahy, un tipo que venía de darle forma visual a
Duran Duran y Elton John en la MTV, y que decidió aplicar el mismo look
a una película donde los inmortales se cortaban la cabeza a espadazos
en plena Nueva York.
En el centro estaba Christopher Lambert, el eterno Connor MacLeod, con su acento indescifrable y su mirada de “no entiendo lo que digo pero suena épico”. Sean Connery
aparecía como Ramírez, un egipcio con acento escocés (porque, claro,
¿quién necesita coherencia cuando tienes a 007 con capa?) y Clancy Brown dio
vida al Kurgan, villano tan metalero que parecía nacido para acompañar a
Ozzy Osbourne en una gira. Y para terminar de coronar la rareza, Queen puso la música con himnos como Princes of the Universe, que convirtió cada duelo en un concierto de rock interdimensional.
La
película no fue un boom en taquilla, pero en los videoclubes se
convirtió en religión. Era esa cinta que el amigo más ñoño recomendaba
con brillo en los ojos: “mira, hay inmortales, duelos con espadas y si
cortas la cabeza de otro ganas sus poderes”. Una mezcla entre Star Wars,
Dungeons & Dragons y un partido de lucha libre medieval. Y de ahí
nació el culto, las secuelas y los maratones de madrugada en la tele.
Las secuelas… bueno, Highlander II: The Quickening
intentó explicarnos que los inmortales eran alienígenas, y hasta hoy
sigue peleando por el título de “peor secuela de la historia” junto a
Tiburón 4 y Batman & Robin. Pero como buen inmortal, la saga se negó
a morir: hubo Highlander III, Endgame y The Source, cada una con más contradicciones internas que temporadas de Lost.
Donde realmente brilló fue en la tele. En los noventa llegó Highlander: The Series, con Adrian Paul
como Duncan MacLeod, primo del original. La fórmula era irresistible:
flashbacks históricos tipo Doctor Who (pero con katanas), duelos
semanales que parecían coreografías de Mortal Kombat y esa mezcla de
acción y mística que atrapó a los fans. La serie duró seis temporadas,
generó spin-offs y hasta videojuegos, y consolidó que el concepto de
“hay inmortales peleando a lo largo de la historia” daba para rato.
Corte a 2025… bueno, en realidad a 2026 porque Henry Cavill,
el nuevo Connor MacLeod, se lesionó entrenando con la espada antes de
empezar el rodaje. Sí, Superman/The Witcher se tomó tan en serio lo de
ser inmortal que terminó retrasando la producción. Pero paciencia: en
lógica inmortal, un año más no es nada.
El reboot lo dirige Chad Stahelski,
el sensei de John Wick, lo que significa que ahora los duelos tendrán
el nivel de intensidad de Keanu Reeves ajustándose la corbata antes de
masacrar mafiosos. Amazon MGM Studios puso más de 100 millones de
dólares sobre la mesa para este proyecto, así que no estamos hablando de
un simple experimento nostálgico: esto es un reboot con katana afilada.
Y atentos ñoños, que el elenco es un crossover friki de ensueño (hasta ahora confirmados): Henry Cavill, Russell Crowe, Dave Bautista, Karen Gillan, Marisa Abela, Djimon Hounsou, Jeremy Irons y Drew McIntyre.
La
fecha de estreno apunta a 2027 o 2028, pero los fans ya están afilando
las katanas del hype. Porque lo que está en juego no es sólo un
reinicio: es la oportunidad de que Highlander tenga por fin la película
que siempre mereció. Después de décadas de contradicciones, secuelas
imposibles y debates de fandom, este podría ser el intento definitivo.
Y
lo mejor es que, pase lo que pase, Highlander siempre volverá. Como sus
protagonistas, la saga es inmortal. Quizás con Cavill y Stahelski al
mando logremos al fin un “Sólo puede haber uno” que sea tan épico como
su recuerdo. Y si no, tranquilos: siempre habrá un VHS en algún estante
polvoriento dispuesto a recordarnos que los ochenta eran una era en la
que todo —incluso un escocés inmortal con acento francés y mentor
egipcio con acento escocés— era posible.