Frank Pé (1956–2025): El poeta animal del cómic europeo

Too Ñoño 2025-12-01 2


El 29 de noviembre de 2025 falleció Frank Pé, uno de los artistas más singulares y sensibles del cómic europeo. Con su muerte se apaga una mirada única: la de un dibujante que convirtió a los animales, la naturaleza y la espiritualidad en protagonistas de historias profundas, serenas y llenas de humanidad. Para generaciones de lectores —y para no pocos autores contemporáneos— Frank será siempre el poeta animal del noveno arte.

Una infancia marcada por las criaturas del mundo

Nacido en Ixelles, Bruselas, el 15 de julio de 1956, Frank creció rodeado de animales reales y fantásticos. Una anécdota definió su destino: cuando era niño, un circo ambulante dejó un camello frente a su casa. Aquel encuentro fortuito sembró una curiosidad que se transformó en pasión. En la adolescencia diseñó terrarios, cuidó reptiles, estudió comportamientos… llegó a tener medio centenar de animales exóticos, incluidos doce cocodrilos. Años después, comprendió que los animales no son objetos de colección y redujo su “zoológico doméstico” a solo dos iguanas, pero nunca abandonó la fascinación por la fauna, que impregnó toda su obra.

En paralelo, su vocación artística floreció. Admiraba a Franquin y Moebius, pero también a Egon Schiele, a Horta, a Tarkovski y a Miyazaki. Ese cruce —cómic europeo, cine poético, dibujo expresionista, arquitectura art nouveau— acabó forjando un estilo inconfundible.

Los primeros pasos en Spirou

En 1973, siendo apenas un adolescente, envió sus primeros dibujos a Spirou para la sección “Carte Blanche”. Firmaba simplemente Frank. Desde entonces su nombre quedó asociado a la revista. A mediados de los 70 se convirtió en ilustrador habitual de su sección dedicada a la naturaleza, y en 1981 creó su primera tira humorística, “L’Élan”.

Poco después recibió la oportunidad de publicar su primera historia larga, Comme un Animal en Cage (1985), y ya entonces quedaba claro que Frank no era un autor más: su sensibilidad por lo vivo, su atención al detalle biológico, su atmósfera contemplativa… todo apuntaba a un artista que exploraba territorios poco frecuentes en la historieta francobelga.

“Broussaille”: la contemplación hecha cómic

El 7 de septiembre de 1978 debutó el personaje más entrañable de Frank: Broussaille, un joven estudiante pelirrojo y soñador que recorría los paisajes urbanos y naturales de Bruselas con mirada curiosa. En sus primeras historias, Los papeles de Broussaille, Frank construyó un universo suave, meditativo, a medio camino entre el diario íntimo, el reportaje naturalista y la poesía ilustrada.

Cuando el guionista Michel de Bom se sumó al proyecto, Broussaille evolucionó hacia relatos más largos y profundos, marcados por temas como la identidad, el amor, la búsqueda interior y la relación del ser humano con el entorno. Con apenas dos álbumes, Frank Pé transformó a un “mascota editorial” en un personaje literario.

“Zoo”: el gran clásico moderno

En 1994, junto al guionista Philippe Bonifay, Frank emprendió su obra maestra: la trilogía “Zoo”. Ambientada en Normandía, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, la serie gira en torno a un zoológico que se convierte en refugio, santuario y escenario de tragedias humanas. En “Zoo”, los animales son más que telón de fondo: son presencias vivas, testigos silenciosos de la fragilidad humana.

El trazo de Frank —orgánico, sensual, lleno de luz— y la escritura de Bonifay dieron forma a una obra contemplativa y emocional, considerada hoy uno de los grandes clásicos del cómic europeo contemporáneo.

Un artista de mundos

Aunque su producción fue relativamente reducida —apenas una decena de libros en más de cuatro décadas— cada uno de sus proyectos generaba expectación. Entre ellos destacan Les Baleines Publiques (1984), sus reinterpretaciones de Little Nemo y su fascinante versión realista del Marsupilami (2020–2023), donde llevó al mítico personaje de Franquin a un territorio más terrenal y biológico.

Su talento visual también lo llevó a colaborar en animación, murales, ilustraciones institucionales y proyectos colectivos. Su mural de Broussaille en Bruselas (1991) es hoy un punto emblemático de la Ruta del Cómic de la ciudad.

El legado de un poeta visual

Frank Pé deja una obra breve pero imprescindible. Sus dibujos respiran, laten, observan. Animales, ciudades y bosques cobran vida bajo su trazo, siempre respetuoso, siempre lleno de asombro.
En la historieta europea, tan rica en humor, fantasía y aventura, Frank abrió una senda distinta: la de la contemplación, la empatía y el misterio del mundo natural.

Murió mientras trabajaba en dos proyectos ambiciosos: La Bête (volumen 3) y The Animalium, una especie de arca artística y zoológica que sintetizaba sus obsesiones: la belleza de los animales, el vínculo con el entorno y la necesidad de mirar el mundo con sensibilidad.

Hoy, en su ausencia, su obra sigue hablándonos. Y nos recuerda algo que él mismo parecía decir en cada dibujo:

que la naturaleza no es un escenario, sino un personaje;
que los animales no son “tema”, sino compañeros;
y que en un mundo que corre, siempre hay un lugar para detenerse y contemplar.

Ese lugar —ese intervalo de luz y calma— es el verdadero legado de Frank Pé.